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Lorencito Quesada

Lorencito Quesada es un adorable personaje que aparece en varias novelas (en El jinete polaco como secundario, en Los misterios de Madrid como protagonista y brevemente en El viento de la luna ) y algún relato (El cuarto del fantasma) de Antonio Muñoz Molina. Este individuo trabaja como corresponsal del diario provincial Singladura en su pueblo, Mágina, provincia de Jaén, en el que no pierde ocasión de poner en todo lo alto el pabellón local, a la vez que es dependiente en los almacenes El sistema métrico. Autodidacta, se ha hecho a sí mismo a través de cursos por correspondencia.

De espíritu conservador y de vivir convencional, es devoto de la Semana Santa y vicesecretario perpetuo de la Adoración Nocturna. Pero también sabe afrontar la modernidad: en una ocasión se pidió, en Madrid, un San Francisco, bebida que, según tenía entendido, era la más habitual en guateques y discotecas.

Como reportero,  muy amigo de las “historias de la vida real”, para registrar sus interviús se vale de una grabadora Sanyo, que lleva siempre encima por si se le presenta la ocasión de “captar la noticia, el documento en vivo”. Su prosa está repleta de frases hechas, de adjetivos adheridos a sustantivos: pavoroso incendio, enérgica condena, la ciudad de los rascacielos, la serpiente multicolor, el punto fatídico de penalti…

Como todo buen autodidacta tiene una cultura más amplia de lo que es común, si  bien cogida con alfileres (como diría este buen personaje). Esto ocasiona que no termine de trasladar a su conversación, del todo correctamente, esa afición suya por las frases hechas. Así, se le ha oído decir cosas como puñalada trasera, entre la espalda y la pared, sirios y troyanos…

Se preguntarán que a cuento de qué les cuento esto. No soy amigo de hablar de mí mismo, puesto que no tengo mucho que decir, la verdad sea dicha (CDLQ). Pero en esta ocasión no me resisto. Y es que llevo una semana de aúpa, al más puro estilo Quesada, soltando mamarrachadas tanto por escrito como por la boca. Aquí mismo he dejado escrita la frase “tiene la cara como el cemento armado”, cemento y no hormigón, en plan Mazagatos y su famoso candelabro (por cierto, un candelabro es un candelero con dos o más brazos, luego esta buena amiga no se equivocaba tanto). Pero ahí no queda la cosa: desayunando con una compañera de trabajo, hablando de Carmona, yo me lamentaba de no haber visitado aún la acrópolis romana. Y, termino ya, volviendo a las tonteridas que se sueltan por escrito, lean la siguiente frase que puse en una resolución este viernes:

“El anterior escroto presentado por el procurador Sr. González … únase a los autos de su razón…”

Pues sí, menuda semana.

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IDA Y VUELTA. 21 de enero de 2012. El vano ayer

La novela empezó siendo el arte de mirar lo que se tenía delante de los ojos, en vez de fantasear sobre héroes y leyendas del pasado fabuloso

1 Cada día se queda más lejos el pasado reciente. Recordamos con dificultad porque el ahora es otro tiempo y es otro mundo. Ahora parece mentira que hace solo dos veranos estábamos en Santander y los periódicos locales anunciaban triunfalmente en primera página el gran éxito del presidente regional: le había arrancado al Gobierno el compromiso de que se construiría un tren de alta velocidad a Santander. En esa época, ya en plena crisis, la irrealidad continuaba. En esos días discutí con un conocido mío progresista que declaraba su admiración por aquel demagogo de cuarta fila: “Será como sea, pero mira lo que ha conseguido”. Estábamos ya casi en quiebra pero nadie se preguntaba aún de dónde salía el dinero ni cuánto costaban las cosas ni qué utilidad tenían más allá del espectáculo. Leer más…

Via elpais.com

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