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Antonio Muñoz Molina: Amor al arte

En Barcelona, en el último invierno de la Guerra Civil, un pintor joven encuentra por la calle a un desconocido que se ofrece a venderle una pequeña tabla renacentista con un eccehomo. El vendedor va muy mal vestido y se le nota que está pasando mucha necesidad. El pintor consigue el cuadro por 25 pesetas. Lo pintó a finales del siglo XV Antonello da Messina y en pocos años valdrá muchísimo más dinero. En 2006, el hombre joven que compró por nada esa obra maestra, y que la vendió con dolor unos años más tarde para poder casarse con la mujer a la que amaba pasionalmente, es un anciano de 90 años que hace frente al calor insufrible del verano de Roma con el propósito de ver de nuevo en una exposición el cuadro del que se separó hace medio siglo. El encuentro es una despedida. En la maestría de la pintura el hombre confirma su gratitud por haberla poseído y por haber logrado gracias a ella el arranque de una vida en común que ha durado todo ese tiempo.

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Antonio Muñoz Molina: El País, 12 de enero de 2013

Sin amar la literatura y sin disfrutar de ella difícilmente habrá descubrimientos valiosos, y menos todavía transmisión de las obras, esa militancia contagiosa de la que depende su supervivencia en el porvenir. Como en las artes la sensualidad de lo visible y lo tangible es mucho mayor que en la literatura, choca todavía más la aridez de mucho de lo que se dice o se especula sobre ellas.

San Jerónimo leyendo una carta

Georges de La Tour: San Jerónimo leyendo una carta, 1627-1629. Museo del Prado, Madrid.

L’anno che verrà

Caro amico ti scrivo così mi distraggo un po’
e siccome sei molto lontano più forte ti scriverò.
Da quando sei partito c’è una grossa novità,
l’anno vecchio è finito ormai
ma qualcosa ancora qui non va.

Si esce poco la sera compreso quando è festa
e c’è chi ha messo dei sacchi di sabbia
vicino alla finestra.
E si sta senza parlare per intere settimane,
e a quelli che hanno niente da dire
del tempo ne rimane.

Ma la televisione ha detto che il nuovo anno
porterà una trasformazione
e tutti quanti stiamo già aspettando
sarà tre volte Natale e festa tutto il giorno,
ogni Cristo scenderà dalla croce
anche gli uccelli faranno ritorno.

Ci sarà da mangiare e luce tutto l’anno,
anche i muti potranno parlare
mentre i sordi già lo fanno.

E si farà l’amore ognuno come gli va,
anche i preti potranno sposarsi
ma soltanto a una certa età,
e senza grandi disturbi qualcuno sparirà,
saranno forse i troppo furbi
e i cretini di ogni età.

Vedi caro amico cosa ti scrivo e ti dico
e come sono contento
di essere qui in questo momento,
vedi, vedi, vedi, vedi,
vedi caro amico cosa si deve inventare
per poterci ridere sopra,
per continuare a sperare.

E se quest’anno poi passasse in un istante,
vedi amico mio, come diventa importante
che in questo istante ci sia anch’io.

L’anno che sta arrivando tra un anno passerà
io mi sto preparando, è questa la novità.

Lucio Dalla: Lucio Dalla (1978)

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Javier Marías: No me creo que seáis unos cielos

Puede que sea mi estado de ánimo el que me llama a engaño, pero me parece percibir que uno de los efectos laterales de la crisis y de este insoportable Gobierno (sí, estoy harto de que todo sea ahora “colateral”, cuando casi nunca hace maldita la falta) es el auge de la antipatía general. En ausencia de otras muchas virtudes, los españoles han solido ser simpáticos, hasta el punto de que esa característica se daba casi por descontada y por lo tanto no encerraba mérito, mientras que su defecto se convertía en demérito imperdonable. Claro que nuestra “simpatía” tradicional enmascaraba con frecuencia algunos rasgos siniestros: servía de disfraz para la mala leche (“No que es broma”, se añade tras una pulla o tras llamar “hijoputa”), o para el timo y la picaresca, o para las groserías o zafiedades a que nuestros cómicos siempre han sido tan dados (no hay apenas diferencia entre Garisa o Martínez Soria y el actual “humor inteligente”, que rara vez tiene nada de lo uno ni de lo otro, es asombroso que se lo llame así).

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No se sabe si es contagio o querencia, pero al nuevo presidente de Bankia parecen haberlo buscado entre  los sepultureros de los relatos de Stevenson o los usureros de los de Dickens; los jerarcas de la Conferencia Episcopal y la mayoría de los periodistas afines al PP servirían para asustar a los niños cuando se portan mal; algunas presentadoras de las televisiones y radios esbirras tienen el inequívoco aspecto de Joan Crawford o Barbara Stanwyck  cuando interpretaban a arpías indisimuladas…

Javier Marías: El País semanal, 16 de diciembre de 2012.


Quiero decirte,
quiero decirte que mi adiós,
quiero decirte que mi adiós no fue huir del follón.

Quiero que entiendas,
quiero que entiendas que ha de haber
quiero que entiendas que ha de haber un par para ser dos…
y jugar…

Y no le tengo miedo al tiempo que se va, noo
yo sé que se parecen sueño y realidad, lo podría jurar.

Es el momento,
es el momento de saber,
es el momento de saber escuchar, si hay alguien más.

Nunca la lluvia dijo al hielo qué calor, no
por eso yo nunca me quejo de su amor
Silencioso ardor.

Dí, por qué no me puedes mirar
será núestra lengua desigual
el que tu no me digas la verdad
será que no me miras al hablar.

Mucho mas cerca
casi a mi lado está el azar
más cerca cada vez de ti están, el cielo y el mar.

Y no le tengo miedo al tiempo que se va, noo
nunca la lluvia dijo al hielo qué calor.
Silencioso ardor.

Antonio Vega: No me iré mañana (1991)

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